Las políticas públicas deben hacerse cargo del desafío de garantizar una vida digna a los adultos mayores. Para enfrentar adecuadamente este desafío, deben considerarse iniciativas que propendan a lograr un envejecimiento activo y saludable, siendo necesario poner el foco en las personas más que en los instrumentos específicos. La visión debe ser integral sobre los distintos aspectos que influyen en la calidad de vida de las personas mayores.

Con el propósito de contribuir con este objetivo país, la Confederación de la Producción y del Comercio convocó a una Comisión del Adulto Mayor y Pensiones, para ofrecer una mirada diversa y multidisciplinaria del tema. Su objetivo es aportar propuestas de políticas públicas que mejoren la calidad de vida, dignidad e inclusión de quienes ya han jubilado o estén próximos a hacerlo, en áreas como capacitación y formación, incorporación al mercado laboral, movilidad y transporte, vida saludable y autonomía, entre otras.

En el caso de pensiones, dado el avance y abundancia de diagnósticos y propuestas disponibles, la Comisión espera colaborar en la búsqueda de un amplio acuerdo en esta materia, facilitando el diálogo y la construcción de puentes entre los distintos sectores.

Estimamos que para una reforma de pensiones, se debieran tomar como referencia los siguientes principios orientadores:

  1. Generosidad, pragmatismo y sentido de urgencia. Los sectores políticos, los gremios empresariales, los sindicatos, la sociedad civil y el gobierno deben ser pragmáticos y generosos para que Chile pueda tener una reforma que asegure a las personas una vejez digna. Es urgente avanzar en mejores pensiones, por lo que deben primar los intereses generales por sobre las legítimas diferencias ideológicas o intereses particulares.
  2. Sostenibilidad y validación social.   La reforma debe cimentar un sistema de pensiones financieramente sostenible, socialmente validado y con propuestas responsables.
    • Desde el punto de vista fiscal, las propuestas deben ser financiables en el corto, mediano y largo plazo.
    • Las propuestas deben ser transparentes en sus costos y beneficios actuales y futuros, considerando un horizonte de largo plazo.
    • Debieran incluirse mecanismos de ajuste predeterminados para enfrentar contingencias, adaptarse a cambios probables y limitar los riesgos fiscales.
    • Debiera basarse en un acuerdo amplio y, de esa manera, hacer innecesaria una discusión de una nueva reforma por un tiempo prolongado.
    • Es necesario multiplicar los esfuerzos en materia de educación previsional. Una población más educada en esta materia no solo tomará mejores decisiones previsionales, sino que también internalizará de mejor manera los desafíos asociados al cambio demográfico, contribuyendo a la solidaridad y validación social del sistema.
  3. Equidad de género. Es imprescindible brindar especial atención a la situación de las mujeres. El sistema de pensiones debe apuntar a disminuir las actuales brechas de género, y propender a igualar en el tiempo la capacidad de ahorro y nivel de pensión entre mujeres y hombres.
  4. Ahorro y contribución. La reforma debe proteger el ahorro como el vehículo central de mejoramiento de las pensiones y mantener la contribución individual como un deber para poder acceder a una mejor pensión.
    • Un sistema de capitalización permite mayores niveles de ahorro, inversión, producto, empleo y salarios. Todo esto deriva en mejores pensiones.
    • Un aumento gradual pero significativo de las cotizaciones es crucial para mejorar las pensiones.
    • También es importante fortalecer las distintas modalidades del ahorro voluntario.
  5. Incentivos a cotizar. La reforma debe formularse reconociendo que las lagunas previsionales explican una parte significativa de las bajas pensiones en Chile, por lo que debe apuntar a fortalecer los incentivos a cotizar y a trabajar formalmente.
    • Se deben reducir las brechas de género en esta materia, dado que las mujeres reciben menores pensiones por efecto de un conjunto de factores, incluyendo una menor participación laboral, menor densidad de cotizaciones, menores salarios, menor edad de jubilación y mayor expectativa de vida.
    • Cualquier mejoramiento del pilar solidario o cualquier otro mecanismo que se considere para elevar pensiones, debe minimizar los desincentivos que provoca al ahorro y empleo formal, e idealmente, buscar mecanismos complementarios para promover la cotización en la clase media.
    • Una entrega adicional de beneficios debe premiar el esfuerzo de ahorro previo y/o los años cotizados.
  6. Retiro voluntario. La reforma debe entregar incentivos adicionales para que las personas puedan voluntariamente aplazar su edad de jubilación.
    • El aplazamiento de la edad de jubilación es uno de los pocos mecanismos eficaces para mejorar pensiones en el corto plazo, por lo que debe promoverse.
    • Para que lo anterior sea efectivo, deberán modernizarse regulaciones y prácticas del sector privado y público, de manera que el mercado laboral para la tercera edad sea una alternativa real y atractiva.
  7. Rentabilidad. La reforma debe incluir nuevas regulaciones que hagan más competitivo el sistema, pero se debe tener especial cuidado en no sacrificar la rentabilidad.
    • Parte importante de la pensión en un sistema de capitalización depende de la rentabilidad acumulada. Toda nueva regulación debe ser contrastada primeramente con sus efectos en este ámbito.
  8. Solidaridad ante el riesgo. Se deben establecer mecanismos para que, gradualmente, los cotizantes compartan mejor los riesgos que enfrentan.

 

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