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La CPC condena cualquier tipo de mala práctica empresarial, cualquier acción reñida con la ética, la ley, la transparencia y los valores.  No hemos amparado nunca las malas prácticas y jamás lo haremos.

En particular, la colusión produce un grave daño a las personas y un perjuicio al sistema económico.  También afecta la confianza necesaria para que una sociedad se desarrolle en armonía y pueda progresar.

Tenemos la más absoluta convicción que  la libre y leal competencia no sólo da legitimidad al sistema, sino que entrega garantías a los consumidores para acceder a los bienes y servicios en las mejores condiciones”.

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