Alfonso Swett, Presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio – CPC

Hace unos días conocimos y aplaudimos el programa del gobierno “Compromiso País”, que identifica 16 grupos de alta vulnerabilidad, que requieren del aporte de todos para salir adelante. Esta inédita alianza público privada, busca abordar cada desafío de manera decidida, priorizada, coordinada y, sobre todo, en forma conjunta entre el Estado, la academia, las organizaciones de la sociedad civil y los empresarios.

La participación del sector privado en iniciativas para enfrentar problemas de pobreza, educación o salud de la población más vulnerable tiene una larga historia en nuestro país. Según da cuenta el informe del Centro UC de Políticas Públicas, Trayectorias en cambio: Un recorrido por la historia de las organizaciones de la sociedad civil, ya a principios del siglo XIX, nacen en Chile las primeras organizaciones privadas que se hicieron cargo de carencias sociales que el Estado no podía asumir. Un caso notable es la Sociedad Nacional de Agricultura, creada en sus inicios como la Sociedad Chilena de Agricultura y Beneficencia en 1838. Más adelante, a petición del gobierno de la época, en 1856 se fundó la Sociedad de Instrucción Primaria. Luego, se sumaron organizaciones como la Sociedad Protectora de la Infancia, fundada en 1894, y luego el Patronato Madre Hijo, cuyo aniversario 117° celebramos hace unos días.

La intervención del Estado en materia social tomó un mayor protagonismo en los años cercanos a la crisis de 1930. De hecho, el mismo informe revela que el gasto social se elevó más de 30 veces por persona entre 1920 y 1970. A partir de la década de los 80 y hasta la actualidad, vuelve a tomar fuerza la presencia del empresariado en organizaciones sociales privadas, siendo éste un actor muy activo en la creación de sus propias iniciativas a las que destinan talento, esfuerzo y recursos.

Abordar los desafíos sociales y las carencias de las personas más vulnerables no ha sido ni es monopolio del Estado, así como tampoco el aporte del sector privado se ha limitado a la mera filantropía económica. El compromiso empresarial más eficaz es el que consiste en traspasar capacidad de gestión, de innovación y, con ello, multiplicar oportunidades que se sustenten en el tiempo. Y es justamente esta la apuesta del plan “Compromiso País”: unir la fuerza y ventajas particulares de cuatro actores clave de la sociedad: las capacidades y recursos del Estado; los aportes propios empresariado; la convocatoria y comprensión de la realidad de las organizaciones de la sociedad civil; y el conocimiento indispensable de la academia.

Junto a ministros, académicos y líderes de fundaciones, hay casi 20 empresarios colaborando en cada tema del Mapa de la Vulnerabilidad, que han asumido con responsabilidad y entusiasmo la tarea que desde el Ministerio de Desarrollo Social se le ha encargado a cada uno. Entre estos desafíos que por justicia y dignidad urge solucionar, destacan dar vivienda digna a las familias que viven en campamentos, la reinserción laboral de personas privadas de libertad, mejorar la situación de niños que residen en hogares del Sename, ayudar a los chilenos más pobres a encontrar trabajo, etcétera. Todos temas relacionados con la pobreza que afecta a 3 millones y medio de personas y con quienes tenemos una responsabilidad que no podemos eludir.

No se trata de “buenismo”, ni menos de “liberal comunismo”, como sostiene el Rector Peña, sino de asumir que los miembros de una sociedad tenemos responsabilidades para con ella que van mucho más allá del estatuto legal. De hecho, tal pareciera que a nuestro crítico le molestaría precisamente por ser un esfuerzo que contradice eficazmente las caricaturas que se han dibujado de los empresarios y de nuestro modelo de desarrollo. La realidad contradice sus teorías, lo que lo lleva a concluir -citas mediante- que la realidad está equivocada.

Quiero manifestar el compromiso de la CPC por promover una mayor cooperación público privada, especialmente en el esfuerzo para derrotar la pobreza, avanzando hacia un país con más oportunidades, tarea que requerirá políticas públicas de largo plazo. El modelo de sociedad que queremos colaborar a construir es uno donde quienes tienen más posibilidades y medios cooperan con aquellos que no se han beneficiado equitativamente del crecimiento y el progreso. Lo digo una vez más, con la simpleza y el entusiasmo de un empresario: la empresa debe tener siempre presente que su actuar empieza en la venta, pero no termina en la utilidad, termina en la sociedad.

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