Discurso de Rafael Guilisasti, Presidente de la CPC, en ENADE 2009
17-11-2009
Hace doscientos años, el mundo de nuestros antepasados se limitaba al espacio geográfico de Europa y América, ajeno a acontecimientos de otras culturas. Ese mundo vivía una profunda crisis, agonizaba el orden hispánico y emergía el que habría de dominar todo el siglo diecinueve, gestado en la Revolución Francesa, en la Independencia de Estados Unidos, en el ideario bonapartista y en el Republicanismo. Los patriotas de entonces tenían ante sí el desafío de situar al Chile Colonial en un nuevo contexto. En 1810, ellos iniciaron un proceso que habría de desembocar, no exento de dolores, disputas y crisis, en la instauración de la República y la construcción de una nueva identidad nacional y su inserción en América y Europa.
En este Bicentenario, los chilenos estamos ante un desafío de proporciones, nunca tan cerca de alcanzar el estado de país desarrollado en un horizonte menor a una década, e insertarnos en el mundo de la post crisis, que es el que actualmente está emergiendo con precariedades.
El año que está terminando nos marcó con una crisis económica de origen externo de gran magnitud. No obstante ello, debo recordar que ésta estuvo precedida por un período de rápido progreso, de profundas transformaciones e innovaciones tecnológicas y un despliegue nunca antes visto de economías de mercado que -a merced de incrementos notables de productividad- sacó a millones de la extrema pobreza y los incorporó a un intercambio global de bienes, servicios e ideas.
Hace veinte años cayó el muro de Berlín y, con ello, la cosmovisión iniciada con la Revolución Rusa y la desaparición de los sistemas políticos y económicos basados en el totalitarismo y el control estatal absoluto de la actividad económica.
Chile se incorporó decididamente a esta tendencia de reformas y cambios económicos, a lo que sumó un exitoso tránsito hacia la democracia que ha permitido superar hondas y dramáticas divisiones del pasado y, además, se sustentó una adhesión muy mayoritaria a un régimen que combina una democracia con plena vigencia del Estado de Derecho, con una economía donde el rol de gestión privada es muy mayoritario y amplio, y un Estado que se orienta a la protección y al apoyo a los sectores de menores ingresos y a una regulación que mejore las condiciones de competencia.
Esta es la carta de navegación que nos lleva al puerto de destino, que es ser un país desarrollado, y creo que nada puede desviarnos de este camino. Pero debemos seguir alertas frente a los riesgos de populismos, democracias plebiscitarias y estatismos.
Navegar bien en medio de la crisis, no fue casualidad.
La conducción superior del Estado, encabezada por la Presidenta Bachelet, nos proveyó de un timón firme y de una compañía comprensiva y cercana, sobre todo hacia aquellos compatriotas que más sufrieron.
La oportuna reacción con los estímulos fiscales morigeró el impacto y, sobre todo, focalizó los recursos en los sectores más vulnerables. El Banco Central aportó con estímulos monetarios adecuados.
El sector privado, los empresarios, estuvimos a la altura: capitalizamos nuestras empresas, reprogramamos pasivos, nos ajustamos y, sobre todo, protegimos la capacidad productiva. El sector financiero fuerte y sólido, bien regulado y con actores múltiples como la banca, las AFP, las Compañías de Seguros, las Mutuales y Cajas de Compensación, permitió todo este ajuste, y -con orgullo- señalo que en esta crisis el Estado chileno no ha invertido un peso en el salvataje de ninguna empresa en particular.
Los trabajadores y sus dirigentes entendieron la magnitud de la crisis, y concurrieron a suscribir acuerdos nacionales, sectoriales y al interior de las empresas, destinados a que la cesantía no se convirtiera en un punto muerto y pudieran utilizarse mecanismos más amplios de capacitación y -en algunos casos- se flexibilizaron condiciones contractuales de modo que el despido fuera sólo el último recurso. Además, se entendió el aporte del seguro de cesantía como un mecanismo esencial para la configuración del mercado laboral moderno.
Están frescos en nuestra memoria los diagnósticos catastróficos de la crisis. El escenario sería distinto si la crisis no se hubiera manejado bien, si el país no hubiera estado preparado por medio de una aplicación consistente de buenas políticas macroeconómicas y del nivel de cohesión social que habíamos alcanzado. Si todo hubiera sido al revés, habríamos retrocedido mucho, alejándonos del anhelo de ser desarrollados.
Es cierto que tenemos reformas urgentes pendientes, a las que me referiré más adelante; es cierto que debemos imprimir más velocidad a nuestro crecimiento, pero no haber sorteado bien esta tormenta hubiera sido muy negativo y, ciertamente, un retroceso en el camino al desarrollo.
¿Qué viene hacia adelante? Estamos entrando a una fase de recuperación de la que aún ignoramos su velocidad de salida y la consistencia de los fundamentos del nuevo orden. Una cosa sí es segura: no será una simple restauración. El mundo de la post crisis será distinto al de antes del 15 de septiembre de 2008.
Quisiera titular algunas de las tendencias emergentes que aprecio en este nuevo orden:
• Un crecimiento en la participación del PIB mundial de las potencias emergentes, tales como China, las cuales en un lapso de 20 a 30 años representarán la mayoría del producto global. Movilizarán sus economías atrayendo inversión extranjera, desarrollando mercado interno, protegiendo industria local y fomentando actividad exportadora.
• Los países productores de materias básicas apoyarán y se beneficiarán de estas economías emergentes mediante el suministro de materias primas.
• Los países de Europa y Estados Unidos tendrán una lenta recuperación por restricciones derivadas de su debilitado sistema financiero y los déficits fiscales. Apostarán a una salida de la crisis recurriendo a su capital humano, avanzando en busca de generar incrementos de productividad mediante más innovación y cambio tecnológico. Aquí, Estados Unidos puede dar una sorpresa.
• Los consumidores de las potencias emergentes tendrán un comportamiento distinto, demandando volumen, pero a precios muy competitivos. En cambio, los consumidores de los países desarrollados incrementarán sus ahorros como forma de protegerse frente a la incertidumbre de la extensión de los sistemas de protección social que pueden entrar en crisis.
• La diplomacia económica internacional buscará dar forma a un acuerdo para enfrentar el calentamiento global, mediante la reducción de emisiones de gases. La disputa será aquí en el reparto de los costos de esta reducción y la prevalencia de un sentido de equidad, de modo que esto no sea a costo del crecimiento de las economías emergentes.
• La globalización no se detendrá, pero sí cobrarán fuerza las identidades nacionales, étnicas e incluso generacionales, que configuran un mercado de demanda de bienes materiales y simbólicos muy diversificados.
• La calidad de los sistemas institucionales y económicos seguirá haciendo una diferencia y marcará las distancias entre países que lo hacen mejor, y los organismos multilaterales avanzarán con dificultad en las coordinaciones globales, fruto de las nuevas contradicciones y desequilibrios.
• Las economías nacionales tendrán sectores muy dinámicos, entre ellos, empresas de calidad mundial, a las cuales los beneficios de las economías de escala sumarán altos estándares de respeto medioambiental y de responsabilidad social hacia el medio en el cual están insertas. Esto traerá tensiones con las empresas no pertenecientes a estas categorías.
• Episodios de desajuste financiero global seguirán ocurriendo y los cambios de las paridades cambiarias continuarán siendo un dolor de cabeza para los Bancos Centrales. Actualmente, en Chile estamos asistiendo a uno de ellos.
Y aquí estamos nosotros, con la gran oportunidad de ser un país desarrollado, objetivo que nos ha sido tan esquivo en nuestra vida republicana, y con el aliciente de haber saltado una valla muy importante: la de no habernos hundido en la reciente crisis.
Como se dice, es condición necesaria pero no suficiente. Nuestro desafío hoy es movilizar los recursos económicos, institucionales, políticos y culturales para acometer las transformaciones que aceleren nuestra navegación.
La agenda de reformas ha ido tomando cuerpo este último tiempo, y es objeto de estudio y debate entre Centros de Estudios de diversa identidad, y entre autoridades del sector público y del privado.
La premisa principal es que en Chile contamos con una alta valoración de políticas macroeconómicas serias, compuestas de ahorros contracíclicos, combate a la inflación y a los déficit fiscales. A ellas, hoy es necesario incorporar políticas que tiendan a fortalecer el crecimiento de nuestra productividad, en el contexto de un país de mediano desarrollo.
Estos crecimientos de productividad serán posibles si se efectúan reformas en diversos ámbitos, entre los cuales destaco:
- Reforma del Estado: Como respuesta al llamado que hiciera el Ministro Pérez Yoma a actuar en este sentido, se formó el Consorcio para la Reforma del Estado, en que distintos Centros consensuaron muy atractivas propuestas, cuyos ejes son la profesionalización del servicio público, la entrega a la ciudadanía de servicios de calidad principalmente en el ámbito municipal, cambios en la estructura actual de reparticiones centrales, y potenciamiento de estructuras regionales y comunales.
- La reforma educacional, si bien tiene efecto de largo plazo, es hoy un imperativo ético, pues todos sabemos que la posesión de mejor capital cultural es el medio principal que tendrán los niños de hoy para superar la condición socio-económica de sus padres. A los esfuerzos de cobertura -donde es destacable la ampliación que hizo el gobierno de la Presidenta Bachelet hacia salas cunas y jardines infantiles- hoy debe sumarse el esfuerzo en las mejoras dentro del aula. Las correcciones a la capacidad administrativa en los colegios municipalizados y a los incentivos y evaluaciones de desempeño de los docentes, son hoy prioridad.
La educación cada vez se torna en un proceso de aprendizaje permanente. En este sentido, hoy podemos mejorar el sistema de capacitación y formación técnica. Los instrumentos para su mejora están hoy disponibles. La instauración del Sistema Nacional de Certificación de Competencias Laborales, una mayor participación de los trabajadores en las definiciones de los programas de capacitación por empresa y la redefinición de algunas prioridades nacionales, exigen de una mayor preparación de los trabajadores. Por ejemplo, si vamos a trabajar en reducir nuestra huella de carbono, el aporte de cada persona en su ámbito de trabajo es clave, y para eso debe conocer todo el proceso y capacitarse para aportar a ello.
- Mucho hemos discutido sobre el mercado laboral y nuestras propuestas son claras al respecto. Tan sólo quiero señalar que las mejoras en la protección social deben ir acompañadas de un esfuerzo para que nuestra economía genere empleos, supere los déficit de acceso para jóvenes y mujeres, y permita las adaptabilidades, sobre todo teniendo en consideración que los sectores que más empleo generan son los servicios personales, comercio y construcción. La experiencia también nos demuestra que éstos son posibles y generan adhesión, si están precedidos de un diálogo social amplio sin exclusión y con participación de componentes técnicos provenientes de los estudios empíricos del mercado laboral y de los aportes de las ciencias económicas y sociales.
Habrá más empleos si en Chile promovemos activamente la creación de empresas, especialmente pequeñas y medianas, pues ellas generan la mitad del empleo en Chile. El contexto para su desarrollo no es otro que el de la cultura del emprendimiento, el de la facilidad de hacer negocios, potenciar el reemprendimiento y no castigar el fracaso, y el pago oportuno a proveedores por parte del sector privado y público. Sólo como ejemplo del peso cultural negativo que tenemos: existe el silencio administrativo para hacer más expeditos los múltiples trámites, pero nadie lo usa por temor a su precariedad legal.
- El otro componente del crecimiento es la inversión que genera ingresos directos, como la minería, y bajas de costos significativos, como la energía. Afortunadamente, en Chile contamos con importantes proyectos de inversión. Para materializarlos, es indispensable que los períodos de estudio y la evaluación de sus impactos ambientales con las debidas consultas a la comunidad sean acotadas, y den paso a los permisos de obras y ejecución dotados de plena certeza jurídica. En estos días, el Gobierno y la oposición acordaron exitosamente dotar al país de una nueva institucionalidad ambiental, creando un Ministerio del Medio Ambiente, una Superintendencia y un Tribunal Medioambiental, además de normar los procesos de consulta. La puesta en marcha de todas ellas con profesionalismo y eficacia, dirá mucho de nuestro futuro.
Señalé al comienzo, que nos moveremos en un mundo donde es de esperar que por parte de Europa y Estados Unidos se generen nuevos conocimientos e innovaciones tecnológicas que hoy no imaginamos, y por otra parte, países emergentes acogerán industrias relocalizadas, merced a las ventajas competitivas clásicas de países que inician el camino de su desarrollo. Chile estará en el medio y, por ende, el esfuerzo de innovación en las empresas -especialmente en sus sectores de mayores ventajas- es otro factor clave.
Innovamos mejorando nuestros productos y procesos, ya sea mediante la adaptación eficiente de tecnologías o la innovación propia enfocada a solucionar problemas específicos. Llevamos un interesante camino recorrido y en este Gobierno se incrementaron significativamente los recursos. Además de los fondos Conycit y Fondecyt, se aumentaron los recursos Corfo y se comprometió el financiamiento de 13 centros basales de excelencia. Contamos además, con incentivos tributarios a la inversión en Investigación y Desarrollo. El mundo de las investigaciones se ha acercado al de la empresa. Los Consorcios Tecnológicos son un ejemplo exitoso. En este terreno hemos avanzado, pero nuestro déficit está en que su llegada a la transformación de las empresas es menor de la que requerimos.
Frente a estos desafíos de magnitud y que requieren tanto de un esfuerzo colectivo como individual, es pertinente preguntarse acerca de la calidad de nuestra convivencia social y cívica para acometer esta tarea. Veo aquí algunos riesgos que quiero señalar.
No podemos ignorar que la política atraviesa una etapa de cuestionamiento ciudadano, en especial hacia los partidos políticos y el Parlamento. No se trata de sumarse a estos coros críticos que pueden terminar en populismos y caudillismos. Es esencial reconocer que el Parlamento es el espacio institucional para acordar entre distintas fuerzas políticas los contenidos de las reformas necesarias. Así ha ocurrido y valga recordar la aprobación de iniciativas importantes este año, como el estímulo fiscal, la implementación del Acuerdo Pro Empleo, la creación del Ministerio de Medio Ambiente, o las leyes que permitieron el ingreso a la OECD. Lo importante es que los partidos representen bien a su grupo de referencia, que haya democracia interna, que se abran a nuevas generaciones, que el Parlamento mejore sus procesos legislativos y todos quienes quieran aspirar a él sientan que pueden competir. Representación, competencia y renovación de personal son los elementos que disminuyen el riesgo político.
Desde una perspectiva social, tenemos otro riesgo: como consecuencia de que nuestro país se desarrolló y se integró al mundo, se fue haciendo más diverso. Se han ido generando distintas identidades que conviven en el Chile moderno. Debemos cultivar una cultura de integración y respeto. Ello da sustento a una cohesión social basada en la diversidad, pero firme para combatir las amenazas a nuestra convivencia, como el narcotráfico y la violencia anárquica. Al respecto, una referencia al llamado tema indígena y muy especialmente el trato al pueblo Mapuche en la zona de la Araucanía. Es obvio que hay políticas que corregir y se deben construir otras nuevas que incluyan distintos instrumentos que den cuenta de las demandas a la expresión de la identidad, el fortalecimiento productivo, la eliminación de la pobreza rural indígena y acceso a mejoras a la educación. Todo ello es un camino largo pero posible, a condición que se dé un espacio de diálogo social, como el Plan Araucanía desarrollado en la región por CorpAraucanía, donde se integró a mapuches, empresarios, universitarios, trabajadores y representantes de los credos religiosos. Ello excluye todo recurso de violencia y adhiere a los fundamentos de nuestro Estado.
Nuestra responsabilidad empresarial
El espíritu empresarial debe estar más fortalecido que nunca para mejorar la productividad, enfrentar las transformaciones que nos lleven a expandir nuestras empresas en el exterior, a liderar los encadenamientos productivos en los sectores más prósperos o a ejercer -con decisión- nuestra responsabilidad social y medioambiental. Se nos exigirá mucho. Estoy cierto de que podremos responder y más que nunca necesitamos de una cultura que valore el esfuerzo empresarial y convoque a muchos a aventurar en él y exprese en sus emprendimientos toda la riqueza cultural que hoy tenemos en Chile.
Los gremios empresariales tenemos un desafío particular. Cada vez más creo que una alianza público-privada transparente y enfocada a objetivos concretos y posibles es un potente instrumento. En un país con tan alto grado de gestión privada, las empresas y su representatividad gremial cuentan con información de primera mano que identifica y define los obstáculos. No se trata de defender intereses corporativos por legítimos que sean, sino de articularnos el mundo productivo, por un lado, con los procesos de asignación de recursos y de definiciones de políticas públicas, por el otro.
Este tema no es nuevo y tenemos experiencias exitosas, como el trabajo conjunto que realizamos en el proceso de apertura comercial y firmas de tratados comerciales, y el desarrollo de estímulos a la innovación desde los distintos Consejos de Innovación. Hemos ganado confianzas y conocimiento mutuo que ahora debemos potenciar.
Desafíos como todos los aquí expuestos y otros como las medidas que tomaremos para reducir nuestra emisión de gases de efecto invernadero, requieren de alianzas. Es requisito que en ello participen los actores relevantes y también la comunidad intelectual. Al respecto, la sola lectura de los informes con que la OECD evaluó a Chile en muchos ámbitos, nos advierte del proceso de modernización pendiente. Nuestros gremios, es decir el sector privado organizado, están preparados y disponibles para colaborar con el próximo gobierno en la profundización de esta alianza.
Presidenta:
Esta es su última ENADE y somos testigos del enorme aprecio ciudadano con que concluye su mandato. Unos mirarán lo que faltó por hacer, otros dirán que fue mucho lo que se hizo. La contienda política actual influye en esos juicios.
No tengo dudas de que su mandato estará ligado a progresos importantes, como la dignificación e incorporación de la mujer a roles directivos en la sociedad, la expansión de la protección social, y el haber conducido a este país durante la crisis y la incipiente recuperación con firmeza y preocupación por los más afectados.
A esto quiero añadir el haber instaurado un estilo de gobierno inclusivo y de diálogo. La Moneda ha estado siempre abierta. Reformas claves como la Previsional, fueron precedidas de una Comisión de integración diversa. También lo fue la Comisión para el Trabajo y la Equidad, y los numerosos encuentros que tuvimos este año para analizar la crisis.
Su sello inclusivo se manifiesta en la presencia de nuestro país en el exterior. Las giras presentan un Chile serio que trabaja y se integra al mundo. Y también de un modo sereno, defiende sus intereses con convicción.
Este estilo nos ha permitido reflexionar que la política de acuerdos amplios no debe limitarse a sus contenidos, sino incluir también y fundamentalmente, la existencia de un clima de entendimiento donde haya espacio al disenso y al desacuerdo, y no a la confrontación irracional que tanto nos ha dañado en el pasado.
Le deseo mucho éxito en sus actividades futuras, con la certeza que las alegrías y pesares durante su período de gobierno vivirán en usted transformadas en el orgullo de haber servido a la Patria.